BARRANQUILLA, LA CIUDAD QUE DEVORA A SUS HABITANTES
Por Cain Guerra ||
Bajo las luces, de uno de sus nuevos monumentos, resplandece con mayor fuerza la miseria de una urbe que ya no es cosmopolita, sino cosmética. A tan solo unos metros de donde está esa Ventana, que mira al mundo por no mirar hacía su interior, hay un asentamiento de pescadores, vendedores informales y madres cabeza de familia que beben de la vida de la Ciénaga de Mallorquín. Casi que invisibles, el 23 de junio del año pasado, sus rostros florecieron en las redes sociales luego de las ordenes de desalojo que llegaron acompañada de la violencia estatal, mas no del acompañamiento estatal. Hoy también sirve este escrito cómo excusa para preguntarnos que fue de esas familias y mirar la desdentada sonrisa del escueto proyecto que ofrece la burda elite de la ciudad.
Las redes se inundaron con imágenes de casas de tablas y de los miembros del escuadrón antidisturbios que, difícilmente podían mantenerse en pie en aquel suelo arenoso y de calles destapadas donde posiblemente su tanqueta era incapaz de maniobrar. El resultado de ese día fueron dos casas de madera destruidas, dos niños hospitalizados por el efecto de los gases lacrimógenos y un barrio en estado de zozobra ante el desproporcionado accionar. Por la noche, los "en vivos" mostraban a los habitantes del barrio tratando de alejar el accionar del Esmad de aquellas casas.
Mientras la violencia se regocijaba aquella noche en Las Flores, el resto de la ciudad dormía su sueño plácido como también sucedió cuando lo mismo ocurrió con la gente de Barlovento, la Loma, los vendedores de San Andresito, del Paseo Bolívar, de la Plaza de San Nicolás, los vendedores de pescado de la hoy Intendencia Fluvial y como también posiblemente ocurrirá con los habitantes del barrio Siape. En Barranquilla no hay terrenos para proyectos turísticos, o “ecoturísticos”, ni para nada que implique la construcción en cemento y barrillas de cualquier complejo. O por lo menos, no logran las administraciones de turno conciliar esos proyectos, la falta de espacio urbano y los barrios que hoy pretenden desaparecer para dar paso a una Barranquilla de cara al río, pero de espaldas a sus habitantes.
Y aquí se podrían mencionar conceptos como gentrificación o incluso el de acumulación de tierra por despojo, como si se tratara de ese fenómeno paramilitar que azota a los campos del resto del país. Lo cierto es que la apropiación de esos espacios urbanos, donde hoy existen barrios enteros, por parte de quienes ejercen el poder político y económico en la ciudad ha generado una diáspora de la pobreza. Diáspora que no logra trascender los límites periféricos de la ciudad, a donde son empujadas las familias con poco menos que tres meses de arriendo y allá han de ir a engrosar un nuevo cordón de miseria que posiblemente, y por la mala planificación de la elite, algún día de ese lugar también serán expulsados.
Es que esa elite que hoy ha puesto los ojos sobre la ciénaga, que no era mas que un botadero de muertos y desechos, es la misma que se fue apropiando de la cultura popular de esos mismos barrios y que cada carnaval baila champeta y cumbia en las cámaras de la gran prensa nacional. Es decir, es una elite parasita que no solo se alimenta del territorio que expropia, sino que devora la cultura popular de los barrios para venderla como algo “exótico” , algo que no logran ver ni palpar en sus barrios mal copiados de su adorada Miami. Esa elite es como el vendedor de drogas que jamás consume el producto que vende, pero que se lucra hasta el cansancio y la sobredosis económica.
En contraste con esa elite, los barrios de las periferias y del sur de la ciudad son devorados por proyectos económicos y turísticos que últimamente invaden la ciudad y que maquillan las realidades de la arenosa. Sería bueno preguntarse, a manera de ejercicio, ¿qué había antes en este lugar donde voy a tomarme la foto?, ¿a dónde van los desalojados? Dice Pablo Montoya que todas “las ciudades están levantadas sobre cementerios”, y decía Walter Banjamin que “no hay documento de cultura que no sea, al tiempo, de barbarie”. Y no es esta ciudad la excepción.
Parte del barrio Las Flores que buscan desalojar. Al fondo, La ventana al Mundo y complejos de vivienda en estratos cinco y seis. Fotografía de Coorpa (Coordinadora Popular)
Ahora que no salga algún whitekillero diciendo que “mejor me vaya de la ciudad” o “que parezco cachaco” o cualquiera de esas niñerías de quien ni siquiera ha cruzado más allá de los peajes de la banda oriental o vía al mar. Porque para infortunio de algunos desde hace tiempo que la ciudad también me abortó, al igual que a muchos de sus habitantes que hoy primero miramos las noticias de esa ciudad y luego de esta en la que pernoctamos nuestra larga noche. Pero aquí lo que no se logra entender es que esos apellidos venidos de Medio Oriente, del que fueron expulsados, hoy también quieren hacer lo mismo con estos habitantes que alguna vez, de buena fe, les abrieron no una ventana de su mundo, sino una Puerta de Oro, hoy posiblemente empeñada para pagar las deudas caprichosas del jeque de turno.

Comentarios
Publicar un comentario